soneto II


Una vez más me vuelvo a los sonetos.

En esta ocasión, tratando de los amores de Hermes y Herse y de cómo Atenea se metió por medio pidiendo a Envidia que tocara con sus artes a la hermana de Herse, Agláuco, para separarlos… terminando el asunto con Agláuco tornada en piedra por las artes del dios.

………………………………

“Ya en un rictus pétreo estaban tornando los labios,
ya los miembros antes carne eran miembros de una estatua,
Mas la ya antaño muchacha preservó su mente fatua
Ni un instante sospechó, las verdades tras su agravio:

Que bien quisiera a su hermana, que bien guardara el secreto,
Que no tuviera intención de vetar su amor de dioses.
Que nunca supo Agláuco que sus pretendidas poses
Eran un sentir real, truncado en mal por decreto.

Pues la Diosa del Saber, siervas doncellas quería
Y a la morada de Envidia marchó en busca de servicios,
Para poder convertir amor, lealtad en cilicios
Con que frenar el ardor que Herse al Cilenio respondía.

Poco sirvió la argucia a la diosa, pues siendo granito
Contempla Agláuco los lances, de Hermes y Herse ignitos.”

Y ahora me vuelvo a estudiar.

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